El Gobierno de Cantabria no necesita archiveros

Decepción ante la OEP del Gobierno de Cantabria

Llevaba un tiempo atento a la publicación de la Oferta de Empleo Público de Cantabria (para el que no lo sepa aún, soy santanderino), ya que -optimista que es uno- esperaba que este año se convocasen plazas de archivero para trabajar en la Administración de mi Comunidad Autónoma. Finalmente, hoy se ha dado a conocer y se ha publicado en el Boletín Oficial de Cantabria (Decreto 30/2008) y no he podido reprimir mi decepción/enfado al no encontrar ninguna plaza de archivero. A lo mejor es que no los necesitan.

Como indica el propio Decreto en su exposición, la convocatoria de plazas para el ingreso de nuevo personal “se concentrará en los sectores, funciones y categorías profesionales que se consideren prioritarios o que afecten al funcionamiento de servicios públicos esenciales”. Desde luego, queda claro que los archivos, tanto en su vertiente “administrativa” como en la “histórica”, no entran (como no han entrado nunca) dentro de las prioridades del Gobierno de Cantabria.

¿Modernización de la Administración?

Con esta Oferta de Empleo Público, el Gobierno de Cantabria pretendía “impulsar el proceso de modernización de la Administración”, apostando por las especialidades “como medida para favorecer la incorporación a la Administración Pública de personal cualificado” que consideran uno de los pilares de dicho proceso.

Mediavilla [Consejero de Presidencia] ha adelantado que la OEP será uno de los procesos administrativos que se incorporará a la teletramitación, con lo que, por primera vez, se podrán cursar vía Internet las solicitudes para acceder a las pruebas. De este modo, ha asegurado el consejero, “profundizamos en el proceso de modernización de la administración” y se asegura la “transparencia y la información”, mediante el acceso libre a la web del Gobierno en la que se comunica el estado de cada proceso.

Modernización de la Administración, gobernanza, Administración electrónica… son términos que se vienen repitiendo en las últimas legislaturas (tanto con gobiernos PP-PRC como PSOE-PRC), y algunas veces se han plasmado en iniciativas -en principio- interesantes. Un ejemplo de ello ha sido el Plan Marco de Modernización 2005-2007, con el que “se pretende poner en marcha una serie de proyectos que, basándose en el compromiso de los/as empleados/as públicos/as y personal directivo, permitan modernizar y mejorar los procesos de gestión interna y la prestación de servicios a la ciudadanía, bajo unos parámetros de máxima calidad y eficiencia”. No he podido ver todos los documentos del Plan, pero casi podría asegurar que no existe referencia alguna a los archivos, a pesar de que considero que la opinión de los archiveros tendría bastante cabida en cualquiera de sus tres líneas estratégicas, especialmente en la 2 (atención a la ciudadanía) y en la 3:

Línea Estratégica 3. Simplificación y normalización de procedimientos.

  1. Inventario de procedimientos. Se debe actualizar y perfeccionar el banco de datos existente
  2. Normalización y simplificación de procedimientos. Se procederá al rediseño, racionalización de procesos; normalización de documentos y redacción de manuales de procedimiento.
  3. Informatización de procedimientos y prestación de servicios en línea. Se informatizarán los procedimientos normalizados con la vista puesta en la Administración Electrónica.

Derechos de los ciudadanos

Uno de los resultados del citado Plan de modernización fue la aprobación de la Carta de Derechos de la Ciudadanía (Decreto 152/2005, de 9 de diciembre), en la que se recopilaban una serie de derechos -que ya estaban reconocidos por la legislación-, entre los que podemos destacar:

  • Derecho a una Administración moderna, transparente y abierta a la ciudadanía, incluyendo bajo este epígrafe el acceso a los registros y archivos públicos, con las limitaciones legalmente establecidas y sin vulnerar el derecho a la intimidad de las personas (1.5).
  • Derecho a obtener información, que implica, entre otros derechos, el de conocer el estado de tramitación de los procedimientos administrativos en los que tengan la condición de interesados y, en su caso, obtener copia de los documentos que contengan (3.2).
  • Derecho a una Administración eficaz y eficiente, incluyendo, entre otras cuestiones, el derecho a exigir una Administración involucrada en la simplificación de procedimientos administrativos, con el propósito de hacerlos más sencillos, ágiles y eficientes, y comprometida con la calidad como norma de funcionamiento interno (5.1).

El Decreto con el que se publicó establecía además que “las Consejerías adoptarán las medidas oportunas para remover los obstáculos que, en su caso, pudieran dificultar la plena aplicación de la Carta de Derechos de la Ciudadanía” (art. 5.1). Creo que muchos estaremos de acuerdo en que tanto en esta materia, como en la que tratábamos en el apartado anterior, archivos y archiveros tienen mucho (o por lo menos algo) que decir. Y que, de acuerdo con los objetivos y disposiciones de las propias normas y políticas adoptadas por el Gobierno de Cantabria, se tendrían que tomar cartas en el asunto, que se podría concretar en la creación de centros de archivo, la provisión de puestos de trabajo para archiveros, la implantación de una política de gestión documental… tal y como preconizaba la Ley de Archivos de Cantabria.

Una ley de adorno

No obstante, y a pesar de que este verano próximo se cumplirán 6 años desde la entrada en vigor de la Ley de Archivos de Cantabria (Ley 3/2002, pdf), poco o nada ha cambiado en el panorama archivístico cántabro.

En esta Ley, muy similar a las de otras Comunidades Autónomas -salvo en lo referente a su aplicación-, se articula un Sistema de Archivos de Cantabria en el que integran, en lo que a la Administración regional se refiere, con categoría de “Centros de Archivo” (art.11.1), los Archivos de oficina de las unidades administrativas; los Archivos Centrales de las distintas Consejerías del Gobierno de Cantabria, los organismos públicos de Cantabria, así como los de las sociedades mercantiles en las que la participación de la Comunidad Autónoma de Cantabria sea mayoritaria; y el Archivo de la Comunidad Autónoma de Cantabria. Entre las funciones de estos centros (art. 11.2) -que se pueden resumir en las genéricas tradicionales de “reunir, conservar y servir”- se incluye la de “facilitar el acceso de los ciudadanos y proporcionar información a las Administraciones públicas para el ejercicio de sus funciones, así como a las personas físicas o jurídicas, públicas o privadas” (muy en la línea del Plan de Modernización).

Además, dichos centros de archivo deberán contar con los medios materiales y personales adecuados (art. 20):

Los Centros de Archivo pertenecientes al Sistema de Archivos deberán contar con las instalaciones adecuadas para la conservación, tratamiento y consulta de los documentos custodiados en cada fase de archivo. Igualmente, deberán contar con personal con la capacitación adecuada a las características del Centro y las funciones que tenga encomendadas.

Como muestra de buena voluntad, su Disposición transitoria única establecía que los Centros de Archivo existentes a la entrada en vigor de la presente Ley dispondrán de un plazo de dos años (ampliamente rebasado) para cumplir los requisitos que en la misma se establecen. Nada decía de los no existentes, como el Archivo de la Comunidad Autónoma de Cantabria. Y no será por falta de edificio.

Un edificio bueno, bonito y barato… vacío

Ya he hablado en otra ocasión de lo que nos ha costado el edificio que albergará el Archivo Histórico Provincial de Cantabria, el (de momento fantasma) Archivo de la Comunidad Autónoma y la Biblioteca Regional. Un edificio que acaba de ser concluido en fechas recientes, a pesar de que se había anunciado su finalización para finales del año 2004 y que entraría en funcionamiento, constituyéndose como “el mayor centro cultural de Cantabria” (no salimos del viejo cliché) en el 2005. Hoy en día, el edificio permanece vacío, ante la extrañeza de algunos vecinos de la zona y el silencio casi absoluto de asociaciones, Universidad, sindicatos, funcionarios, grupos políticos, medios de comunicación… Y eso que no sólo afecta a los ciudadanos de Cantabria, sino a todos los contribuyentes españoles. Quizás sea porque el edificio puede resultar demasiado amplio para albergar a unos técnicos de archivo (desconozco el panorama bibliotecario, aunque me temo lo peor) que -si no me equivoco (y si lo hago, acepto rectificaciones)- se podrían contar con los dedos de una mano.

¿Es posible un cambio de rumbo?

No acierto a imaginar el futuro de los archivos en la Administración de Cantabria. Eso sí, seguro que después habrá muchas lamentaciones. Yo, por mi parte, me centraré en las oposiciones del Cuerpo Facultativo del Estado y continuaré atento a las noticias que me lleguen de Cantabria. Pero con más escepticismo, si cabe. Porque el Gobierno de Cantabria no necesita archiveros… ¿O sí?

Archivística y Documentación (1): los perfiles del archivero y su formación

[Perdón por la extensión]

Uno empieza a estar un poco harto del eterno -aunque no me cabe duda que necesario- debate sobre el lugar que ocupa la Archivística en el ámbito de las Ciencias de la Información y de la Documentación. Pero lo que me cansa es, sobre todo, ver cómo en muchas ocasiones se hace más hincapié en remarcar la especificidad de la Archivística que en señalar los contenidos que son (o deberían ser) comunes. Entre otras razones porque, en mi opinión -y al carecer de una titulación universitaria específica-, esto no hace otra cosa que perpetuar una fractura de la profesión, que desde hace décadas se trata de evitar. Creo que uno de los problemas principales -al igual que opinan muchos de los profesionales que con mucho más fundamento que un proyecto de archivero como yo lo han abordado- es, como ya he dicho, la ausencia de una titulación específica. Por esta razón, nos encontramos, título en mano, con dos perfiles de futuros archiveros:

  • Por un lado, el de aquellas personas que proceden de Escuelas Universitarias y Facultades de Documentación, que cuentan con una formación más centrada en esas áreas troncales.
  • Por otro, el de aquellos que proceden de otras titulaciones -especialmente Historia, como es mi caso-, con un perfil generalmente más historicista o, si queremos, tradicional.

En cualquiera de los dos casos, la formación en Archivística tiene que pasar por la realización de másters y postgrados de contenidos más o menos homogéneos, cursos de mejor o peor pelaje, unos esfuerzos autodidactas condicionados por una escasa literatura profesional en español, y la realización de prácticas a través de becas y contratos temporales generalmente mal pagados y que ofrecen un escaso margen de aprendizaje.

En ese trayecto, ambos perfiles tendrían que haber ido confluyendo; sin embargo, desde mi punto de vista, esa trayectoria común no es tan común como parece: como es normal, la formación especializada de unos y otros tiende más:

  • A perfeccionar unos conocimientos que ya se poseían de la etapa de formación universitaria; o bien a adquirir nuevos conocimientos que entran dentro del campo visual que cada uno de estos perfiles les permite distinguir.
  • Y a orientar una futura carrera profesional, condicionada también por ese campo visual reducido.

Si nos centramos en esta última cuestión, podemos ver como:

  • Aquel con un perfil de “archivero-documentalista” está más preparado para trabajar en la empresa privada, bien a través de empresas de servicios documentales (en el sentido amplio), bien directamente; en las que, en muchos casos, actuará de chico/a para todo: archivero-bibliotecario-documentalista-gestor de la innovación… No sólo porque para la empresa sea más rentable contar con un profesional multidisciplinar, en lugar de con varios especialistas; sino porque, en ciertos casos, el volumen de trabajo en este ámbito no lo requiera. Otros representantes de este perfil optarán por hacerse un hueco en las universidades: desarrollarán una actividad científica centrada generalmente es aspectos muy específicos, por lo general nuevos, y plasmados en artículos de escasa trascendencia para los intereses del perfil contrario. Si alguno/a consigue acceder a la docencia, se verá obligado/a a impartir asignaturas que probablemente se alejen de la columna vertebral del corpus archivístico (del mismo modo que otro, especializado por ejemplo en cibermetría, se puede ver obligado a impartir asignaturas de Archivística, si el no hacerlo puede significar perder una oportunidad laboral más que interesante). Todo ello será visto por los representantes del otro perfil como una apropiación indebida de funciones, lo que puede generar rechazo hacia todo aquello que se considere “propio de bibliotecarios” aunque sea algo elemental como parte del cuerpo común de conocimientos de las distintas ramas.
  • El que tiene un perfil formativo de “archivero-historiador” está en principio más capacitado para opositar a alguno de los cuerpos de archiveros de las Administraciones Públicas, a través de unas pruebas selectivas destinadas por lo general a reclutar “archiveros integrales”, capaces de actuar a lo largo de todo el ciclo de vida de los documentos, pero cuyos temarios y pruebas terminan decantándose hacia este mismo perfil, entre otras razones, porque son miembros de este perfil los que elaboran los temarios, y porque los puestos de trabajo que nutrirán serán sobre todo los de los archivos históricos. Y ése es precisamente el objetivo del futuro archivero que procede de éste perfil formativo: trabajar en un archivo histórico. No obstante, tendrá que afrontar el diseño y gestión de sistemas de información en un mundo de nuevos usuarios, nuevas tecnologías y nuevas normas, algo para lo que quizás no estaba preparado, por lo que tendrá que seguir formándose o perpetuar la imagen del archivero-erudito decimonónico. No obstante, no todos terminarán trabajando en un archivo histórico: algunos se las tendrán que ver con la gestión de documentos desde sus primeras fases y con los desafíos que supone la irrupción (desde hace ya unos años) de los documentos electrónicos. Entonces, o se dan de bruces con sus carencias formativas y no saben reaccionar, o se verán obligados a cierto reciclaje profesional. En cualquier caso, los “archiveros-documentalistas” también se verán amenazados: por estar en cierta desventaja a la hora de acceder a la función pública, al tener que afrontar pruebas y enfrentarse a tribunales más propios del perfil historicista; por una literatura profesional (artículos, manuales) producida por este sector que no llega a cumplir con sus expectativas o sus intereses; o por encontrar en puestos que consideran más acordes con su formación a personas que proceden de Facultades de Historia.

La pescadilla que se muerde la cola.

Esto no son más que generalizaciones un tanto simplistas, pero creo que se acercan un poco a la realidad, al menos desde mi punto de vista. Si todo esto parece que arranca de la ausencia de una titulación universitaria específica, la solución debería venir por el establecimiento de dicha titulación (si es que esto no genera tensiones también entre los dos perfiles a la hora de definir los programas). Pero, mientras esperamos a esa futura titulación, que puede que nunca llegue, ¿qué hacemos los que, como es mi caso, tenemos que enfrentarnos con unas oposiciones o con otra expectativa laboral (empresas de servicios, archivos de empresa, universidad…)?

Desde mi punto de vista, cambiar de actitud. Aprender en profundidad los aspectos específicos de la Archivística pero también aquellos que son comunes con otras Ciencias de la Información y de la Documentación, sin despreciar aquellas ideas (ni por supuesto a aquellas personas) que representen posturas extremas de uno u otro perfil, ya que de las dos podremos aprender algo. Ser permeables, compartir inquietudes, comunicarnos y contribuir, en definitiva a construir -como dice la divisa de la Unión Europea- la unidad en la diversidad, caminando hacia adelante pero también con la vista atrás.

Seguro que muchos no estáis de acuerdo con lo que digo (todo o parte), por lo que espero vuestros comentarios. Y también los de aquellos que lo compartan, porque seguro que tendrán algo que aportar.

Archivística 2.0 vs. archivística tradicional: What do archivists want?

Como casi todos los días, hoy he estado echando un vistazo a otros blogs a los que estoy suscrito. Y cómo últimamente estoy un poco vago, voy a hacer un poco de “corta y pega” de un par de ellos y a ver lo que sale.

El primero de ellos es un nuevo archiblog que he conocido gracias a ArchivesBlogs: ArchivesNext.

This blog will attempt to identify what might be “next” for archival institutions by:

1) Exploring Web 2.0 applications and discussing their applicability to archival institutions

2) Identifying existing innovative uses of web technology in archives and related fields.

3) Discussing how applicable the existing archival business model is in the current and emerging information environment, and proposing modifications or a whole new model.

4) Hopefully engaging readers in a dialog about these issues (…).

5) Probably doing some other stuff as well. ()

En cierta manera, me gustaría también enfocar @rchivista en ese sentido, aunque no me quiero cerrar a otros temas, como he hecho hasta ahora. El caso es que después de tanta literatura, debates, críticas… sobre la Biblioteca 2.0, parece que -de la mano de la incipiente archiblogosfera- comienzan a escucharse las primeras voces que hablan de unos archivos, una archivística y unos instrumentos de descripción 2.0.

Por ejemplo, en el otro blog de los dos que me refería antes, Digitization 101, Jill Hurst-Wahl escribe sobre Colecciones digitales y Web 2.0, a partir del sitio web del Walker Art Center de Minneapolis. Vale, no es un archivo, pero se pueden sacar muchas ideas perfectamente aplicables: blogs, podcasts, alertas de correo electrónico, webcasts, feeds RSS.

The result?

* Those who are interested in the Walker Art Center are more knowledgeable about its activities and events.
* Some digital collections become more “three-dimensional” with the addition of audio and video.
* People feel more engaged with the Center and its work. We would hope that if people feel more engaged that they are then more supportive of the Center financially.

More institutions need to challenge themselves on adding Web 2.0 tools so that they can reach out and interact with their patrons more. Every tool does not fit every situation, so an institution will need to select those tools that truly fit its needs.

En otro post, habla de la posibilidad de añadir comentarios a los materiales digitales (p.ej. imágenes digitalizadas de documentos de archivo tradicionales).

Allowing users to add comments is a great way of including their knowledge in the collection. Undoubtedly there will be a few people — with long memories — that would enjoy adding what they remember. (Genealogists, especially could have a heyday.)

Suena bien, pero me cuesta verlo puesto en práctica en los archivos españoles (me recuerda aquella anotación que titulé Paleografía 2.0). Quizás para algún fondo o colección en particular…

Lo importante es que están surgiendo nuevas ideas, se ha comenzado a discutir y poco a poco irán apareciendo iniciativas en este sentido. No obstante, hasta el momento no es sino un movimiento minoritario, “atípico”, como dicen en ArchivesNext. Y se preguntan entonces, ¿qué es un archivero típico? Porque, según el/la autor/a, “los archiveros, las organizaciones archivísticas y nuestra profesión en general no está haciendo… nada de lo que pienso que deberían hacer“.

Para intentar comprender el inmovilismo que parece mostrar la comunidad archivística ante las posibilidades que ofrece la Web 2.0, ArchivesNext lanza una serie de preguntas que espero reciban el mayor número de respuestas posibles y que traduzco e interpreto bastante libremente a continuación:

¿De quién buscan un mayor reconocimiento los archiveros? ¿De los unos a los otros? ¿De sus jefes? ¿De la más amplia comunidad del patrimonio cultural? ¿De la sociedad en general?

¿Qué ofrece mayor satisfacción personal a los archiveros? ¿Ayudar a la gente a encontrar documentos pertinentes? ¿Trabajar personalmente con la documentación? ¿Compartir con otros su entusiasmo por los documentos de archivo? ¿Ascender en sus organizaciones?

¿Cómo miden el éxito los archiveros? ¿Satisfaciendo los objetivos cuantificables de su organización? ¿Ofreciendo un servicio a la ciudadanía? ¿No tomando riesgos o no metiéndose en problemas? ¿Evitar el riesgo es más importante que alcanzar el éxito?

¿De qué tenemos miedo? ¿Somos tan reacios a los riesgos que siempre estamos dos pasos por detrás del resto del mundo? Como profesión y como individuos, ¿creemos que esto es aceptable (o al menos deseable)? ¿Lo que más queremos es estar “seguros”?

(…)

So what is more important – what we want, or what we fear? And, I ask again, what do we want?

El debate está servido.

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La archivística en el ámbito de las ciencias de la información y la documentación

El tema de las relaciones entre la Archivística y el resto de disciplinas que conforman las llamadas Ciencias de Información y de la Documentación es bastante recurrente -por no decir manido- y, normalmente, suele ser uno de los primeros en los temarios específicos de las oposiciones para archivero (no se si pasará lo correspondiente en las de bibliotecas).

No voy a entrar ahora a señalar los puntos de contacto y las diferencias entre las distintas disciplinas, ciencias, técnicas (ésta es otra, el debate de su carácter científico), ya que es mucha la bibliografía (y literatura) al respecto. Lo último, este artículo, en el último número de Acimed:

Nuria Esther Pérez Matos y María del Carmen Remigio Montero: “Archivología, bibliografía, bibliotecología y ciencias de la información: ¿todas para una o una para todas?“. Acimed (2007), Vol. 15, Nº 2

Lo que me gustaría tratar es la vertiente polémica: cuando unos a otros nos tachamos de intrusistas y todo eso. ¿A qué se debe esta tirantez? ¿Sucede lo mismo en otros países? ¿Cómo se puede alcanzar la “reconciliación documental”?

Como en las últimas semanas estoy bastante atareado preparando oposiciones, lanzo las preguntas y espero que haya algún que otro comentario o anotación cruzada al respecto. Está bien esto de tirar la piedra y esconder la mano :) .

Entrevista al archivero del dictador Trujillo (Rep. Dominicana)

Pocas veces nos encontramos en los medios de comunicación con una entrevista a un archivero. Bueno, es verdad, en ocasiones también nos encontramos con la otra cara de la moneda, como es el caso del Archivero de los Estados Unidos, Allen Weinstein, un personaje mediático -como puede verse en sus American Conversations– a la vez que controvertido.

Hoy he leído una entrevista a Rafael Sánchez Molano, la persona “que durante 31 años ininterrumpidos manejó las informaciones confidenciales que llegaban al Archivo de la Presidencia de la República [Dominicana], sobre todo en los últimos 10 años de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo“. Se centra sobre todo en su trayectoria vital y profesional, y hace algún que otro comentario interesante (no entro en valoraciones políticas) sobre sus experiencias.

Rafael Augusto Sánchez Molano.Lleva 55 años ligado, con breves intervalos, al archivo de la Presidencia de la República
Hoy Digital
(5-1-2007)

Durante la dictadura de Trujillo, según la Wikipedia,

No existió el más minimo respeto por la vida humana, la única persona que tenía la tranquilidad asegurada era el propio Trujillo y tal vez todos los que tenián su apellido. Más de 30 mil personas perdieron la vida durante su gestión y otros tantos se exiliaron para no sufrir la misma suerte.

Dice el reportaje que

Él [R. Sánchez Molano] no le temía al dictador, no temblaba cuando lo veía, como le pasaba a otras personas. ¿No será porque nunca le mataron un familiar? Asintió que sí, que quizás era por eso.

¿Qué os parece este documento?

Licencia para archivar: la archivera que dirigió el MI5

Ayer me enteré, gracias a una entrada de Order from Chaos, de que la primera mujer en dirigir el MI5 (servicio de inteligencia británico) se había formado previamente como archivera. Stella Rimington -que así se llama- sirvió además de inspiración para el personaje de M en la saga de James Bond -interpretado por Judi Dench– desde Goldeneye (1996). Aquí dejo el texto completo del post:

M is an Archivist!Stella Rimington, de archivera a directora de servicio secreto

On this date [16 de diciembre] in 1991, Dame Stella Rimington (1935- ) became Director General of MI5, Britain’s secret intelligence service. She was the first female MI5 Director General, the first to be named publicly, and the first to publish an autobiography. She was made a Dame Commander of the Bath in 1996 and was the model for Judi Dench’s “M” in the James Bond movies. She earned a Diploma in Archive Administration from the University of Liverpool in 1959.

Si alguna archivera (o archivero) quiere seguir sus pasos, puede informarse más en MI5 Careers y echar su solicitud. Por cierto, están buscando gente con don de lenguas:

… we are very keen to speak to people who speak: Arabic – all dialects, and particularly North African, Sorani, Bengali (including Sylheti dialect), Urdu (with Punjabi, Pothwari or Gujarati) and Somali.

Por último, no puedo resistirme a pensar si algo así hubiese ocurrido en España. Quiero decir, si un/a archivero/a hubiese llegado a ser director del CNI. Hombre, al menos supongo que habría un mayor y mejor control de los documentos pero… ¿habría inspirado algún personaje de Torrente? ¿Quizás al Superintendente Vicente? Bueno, nunca es tarde si la dicha es buena: en España también podemos formar parte de la T.I.A.

Actualización (9-1-2007) : aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, os remito a este ejemplo de e-Administración en un servicio de inteligencia.

El servicio secreto MI5 avisará a los británicos por correo electrónico de las alertas terroristas (EL PAÍS, 9-1-2007)