Chapoteando entre RDA y NEDA en busca del recurso sumergido

Imagen tomada de la galeria en flickr de la American Library Association Publishing

Hace unos días recibía un correo electrónico informándome acerca de un texto que desconocía, el borrador de las RDA. Yo había oído hablar -ahora ya puedo decir que conozco, aunque sólo sea por encima- de las RAD, pero no de las RDA. Todavía con media sonrisa tras comprobar que no se trataba de un nuevo afluente destinado a subir el nivel de las aguas de la normalización archivística, decido acercarme un poco a la orilla, con cuidado de no caerme y quedar a merced de las turbulentas corrientes bibliotecodocumentaloides.

Resulta que RDA es una nueva norma de descripción bibliográfica basada en las AACR; de hecho, en 2005, poco después de iniciarse los trabajos que debían conducir a la adopción de las AACR3, “a new approach was agreed on, and the decision made to adopt the title: Resource Description & Access” (sacado del sitio web del Joint Steering Committee for Development of RDA). Concretamente, se trata de una norma de contenido de datos que parte de los modelos conceptuales desarrollados por la IFLA –FRBR y FRAD– y contempla, por tanto, las distintas entidades implicadas en un sistema de información bibliográfica -autoridades (en el sentido amplio del término) incluidas- y sus distintas relaciones. Como me decía el remitente del correo electrónico:

Nuestros colegas bibliotecarios están realmente avanzados en el desarrollo de esta importante norma de contenido de datos centrada esencialmente en la grabación de datos, e independiente de cualquier estructura o sintaxis particular de almacenamiento o presentación de datos (estas últimas cuestiones figuran en los apéndices D y E).

Buscando alguna opinión en la biblioblogosfera al respecto de RAD, di con un ThinkEPI (vía Biblioteca y aula) del que no me resisto a corta-pegar unos párrafos por la dura crítica que realizan a la futura norma:

Karen Coyle y Diane Hillmann critican el camino que están tomando las normas Resource description and access, que es el nombre progresista de las nuevas Aacr3. Se usa el nombre RDA para dar a entender que la nueva norma rompe con el pasado, pero a juicio de las autoras no es así, y lamentan su continuismo de las Aacr2 (1978) “que dejará definitivamente ancladas y marginadas a las bibliotecas en el nuevo mundo de la búsqueda y recuperación de información”, dicen.

Los profesionales de la información necesitan medios estandarizados, pero a la vez mucho más simples, para describir los trabajos de todo tipo, desde monografías hasta objetos informativos. En su borrador actual, las RDA contienen 14 capítulos y 4 apéndices. Sólo los capítulos 6 y 7 tienen 120 páginas. Parece claro que son innecesariamente complejas y caras de implementar. […]

Antes que revisar las reglas de catalogación, las bibliotecas tienen que plantearse si quieren tener un sistema de información que sirva verdaderamente a sus usuarios para encontrar cualquier tipo de información, esté donde esté, o si sólo quieren un inventario –eso sí, perfecto– de su colección. Los que abogan por implementar sólo cambios “graduales” en la actual situación de avance vertiginoso, es posible que cuando se den cuenta ya les hayan quitado todo el terreno.

Peset, Fernanda; Baiget, Tomàs. «Catalogación, sí; pero, ¿cómo?». En: Anuario ThinkEPI, 2008. Disponible en E-LIS.

Esto me hizo pensar, sumergido de nuevo en aguas más conocidas, en las reacciones que puede tener la nueva ola normalizadora en lo que a la descripción archivística se refiere (ISDF, ISDIAH, NEDA…). La CNEDA, de acuerdo con su programación general, está desarrollando un “modelo conceptual de descripción archivística y de los requisitos de datos básicos de las descripciones” como punto de partida para elaborar un conjunto normativo que sin duda será tanto o más complejo que RDA. ¿Suscitará este trabajo críticas en la comunidad archivística semejantes a las referidas a las futuras RDA?

Creo que no es la primera vez que pregunto cosas similares, pero… ¿Cuál será la tendencia en los próximos años en lo que a sistemas de descripción archivística se refiere? ¿Nos decantaremos por sistemas muy estructurados u optaremos por googlelizar bases de datos unidimensionales? Desde mi punto de vista, es preferible lo primero: siempre podremos implementar un sistema de recuperación a texto completo que complemente la búsqueda a partir de metadatos (y la tan descuidada navegación). Además, permite dar cabida a las últimas tendencias que realzan la tradicional importancia del contexto en la información archivística.

El proceso de descubrimiento de recursos por parte de los usuarios es más complejo (creo yo) en los archivos que en las bibliotecas; o, al menos, diferente. Y en este sentido, “las prácticas y convenciones archivísticas -dice Michael J. Fox– están muy lejos de la normalización de las técnicas bibliotecarias”:

Esta realidad responde a dos cuestiones. La primera es simplemente que la normalización de los datos ha tenido menos importancia para los archiveros puesto que dicha información no se compartía ni se integraba con información similar de otros archivos, tal y como sucede con los datos de catalogación en las bibliotecas. Obviamente, esta situación está cambiando.

La segunda cuestión ha sido nuestra histórica preocupación por la procedencia. Cuando yo estudiaba para ser archivero se decía que entender los orígenes de los distintos documentos de mis archivos era todo lo que necesitaba para encontrar los documentos adecuados para cada investigador. Si nos paramos a pensar cómo se trabaja realmente en una sala de investigación, se puede decir que este planteamiento teórico de acceso a los archivos era una gran simplificación.

Efectivamente, mis antiguos compañeros tenían en cuenta otros aspectos de los documentos, como lugares relacionados, materias, personas y otras cuestiones, a la hora de identificar documentos de interés para los investigadores. El problema era esencialmente que no teníamos el modo de reunir todo ese conocimiento de un modo normalizado que pudiera emplear cualquiera, para que pudiese ser conservado y compartido en el tiempo y entre distintas instituciones”.

Michael J. Fox: “Resolviendo el rompecabezas de las normas de descripción: encajando las piezas”, pp. 22-23. Tábula nº 11 (2008): Actas del V Congreso de Archivos de Castilla y León.

Para terminar: estoy seguro de que RDA será una de las normas de referencia que utilice la CNEDA para elaborar sus productos; esperemos que su resultado adopte una presentación web y funcionalidades como parece que tendrá la futura RDA (ver demo [pdf]). Sería de gran utilidad. Un salvavidas con el que -casi seguro- que no nos ahogamos en un mar siglas.

Actualización: enlazo con el artículo de Coyle y Hillmann que citan Peset y Baiget.

2 thoughts on “Chapoteando entre RDA y NEDA en busca del recurso sumergido

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s