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02
Abr

Noticias desde Cantabria

Casualmente, una semana después de hablar de que el Gobierno de Cantabria no necesita archiveros (ni archivos), El Diario Montañés anuncia que El jueves se formaliza oficialmente la cesión de la Biblioteca y el Archivo. La que tendría que ser una buena noticia noticia, me ha dejado bastante indiferente. No abandono mi escepticismo. Como no me gustaría ser pesado con el tema, sólo voy a hacer tres apuntes:

Pues eso. Que cómo están las cosas por el Norte (con las noticias que llegan de Oviedo y de Galicia)…

Novedades

28
mar

El Gobierno de Cantabria no necesita archiveros

Decepción ante la OEP del Gobierno de Cantabria

Llevaba un tiempo atento a la publicación de la Oferta de Empleo Público de Cantabria (para el que no lo sepa aún, soy santanderino), ya que -optimista que es uno- esperaba que este año se convocasen plazas de archivero para trabajar en la Administración de mi Comunidad Autónoma. Finalmente, hoy se ha dado a conocer y se ha publicado en el Boletín Oficial de Cantabria (Decreto 30/2008) y no he podido reprimir mi decepción/enfado al no encontrar ninguna plaza de archivero. A lo mejor es que no los necesitan.

Como indica el propio Decreto en su exposición, la convocatoria de plazas para el ingreso de nuevo personal “se concentrará en los sectores, funciones y categorías profesionales que se consideren prioritarios o que afecten al funcionamiento de servicios públicos esenciales”. Desde luego, queda claro que los archivos, tanto en su vertiente “administrativa” como en la “histórica”, no entran (como no han entrado nunca) dentro de las prioridades del Gobierno de Cantabria.

¿Modernización de la Administración?

Con esta Oferta de Empleo Público, el Gobierno de Cantabria pretendía “impulsar el proceso de modernización de la Administración”, apostando por las especialidades “como medida para favorecer la incorporación a la Administración Pública de personal cualificado” que consideran uno de los pilares de dicho proceso.

Mediavilla [Consejero de Presidencia] ha adelantado que la OEP será uno de los procesos administrativos que se incorporará a la teletramitación, con lo que, por primera vez, se podrán cursar vía Internet las solicitudes para acceder a las pruebas. De este modo, ha asegurado el consejero, “profundizamos en el proceso de modernización de la administración” y se asegura la “transparencia y la información”, mediante el acceso libre a la web del Gobierno en la que se comunica el estado de cada proceso.

Modernización de la Administración, gobernanza, Administración electrónica… son términos que se vienen repitiendo en las últimas legislaturas (tanto con gobiernos PP-PRC como PSOE-PRC), y algunas veces se han plasmado en iniciativas -en principio- interesantes. Un ejemplo de ello ha sido el Plan Marco de Modernización 2005-2007, con el que “se pretende poner en marcha una serie de proyectos que, basándose en el compromiso de los/as empleados/as públicos/as y personal directivo, permitan modernizar y mejorar los procesos de gestión interna y la prestación de servicios a la ciudadanía, bajo unos parámetros de máxima calidad y eficiencia”. No he podido ver todos los documentos del Plan, pero casi podría asegurar que no existe referencia alguna a los archivos, a pesar de que considero que la opinión de los archiveros tendría bastante cabida en cualquiera de sus tres líneas estratégicas, especialmente en la 2 (atención a la ciudadanía) y en la 3:

Línea Estratégica 3. Simplificación y normalización de procedimientos.

  1. Inventario de procedimientos. Se debe actualizar y perfeccionar el banco de datos existente
  2. Normalización y simplificación de procedimientos. Se procederá al rediseño, racionalización de procesos; normalización de documentos y redacción de manuales de procedimiento.
  3. Informatización de procedimientos y prestación de servicios en línea. Se informatizarán los procedimientos normalizados con la vista puesta en la Administración Electrónica.

Derechos de los ciudadanos

Uno de los resultados del citado Plan de modernización fue la aprobación de la Carta de Derechos de la Ciudadanía (Decreto 152/2005, de 9 de diciembre), en la que se recopilaban una serie de derechos -que ya estaban reconocidos por la legislación-, entre los que podemos destacar:

  • Derecho a una Administración moderna, transparente y abierta a la ciudadanía, incluyendo bajo este epígrafe el acceso a los registros y archivos públicos, con las limitaciones legalmente establecidas y sin vulnerar el derecho a la intimidad de las personas (1.5).
  • Derecho a obtener información, que implica, entre otros derechos, el de conocer el estado de tramitación de los procedimientos administrativos en los que tengan la condición de interesados y, en su caso, obtener copia de los documentos que contengan (3.2).
  • Derecho a una Administración eficaz y eficiente, incluyendo, entre otras cuestiones, el derecho a exigir una Administración involucrada en la simplificación de procedimientos administrativos, con el propósito de hacerlos más sencillos, ágiles y eficientes, y comprometida con la calidad como norma de funcionamiento interno (5.1).

El Decreto con el que se publicó establecía además que “las Consejerías adoptarán las medidas oportunas para remover los obstáculos que, en su caso, pudieran dificultar la plena aplicación de la Carta de Derechos de la Ciudadanía” (art. 5.1). Creo que muchos estaremos de acuerdo en que tanto en esta materia, como en la que tratábamos en el apartado anterior, archivos y archiveros tienen mucho (o por lo menos algo) que decir. Y que, de acuerdo con los objetivos y disposiciones de las propias normas y políticas adoptadas por el Gobierno de Cantabria, se tendrían que tomar cartas en el asunto, que se podría concretar en la creación de centros de archivo, la provisión de puestos de trabajo para archiveros, la implantación de una política de gestión documental… tal y como preconizaba la Ley de Archivos de Cantabria.

Una ley de adorno

No obstante, y a pesar de que este verano próximo se cumplirán 6 años desde la entrada en vigor de la Ley de Archivos de Cantabria (Ley 3/2002, pdf), poco o nada ha cambiado en el panorama archivístico cántabro.

En esta Ley, muy similar a las de otras Comunidades Autónomas -salvo en lo referente a su aplicación-, se articula un Sistema de Archivos de Cantabria en el que integran, en lo que a la Administración regional se refiere, con categoría de “Centros de Archivo” (art.11.1), los Archivos de oficina de las unidades administrativas; los Archivos Centrales de las distintas Consejerías del Gobierno de Cantabria, los organismos públicos de Cantabria, así como los de las sociedades mercantiles en las que la participación de la Comunidad Autónoma de Cantabria sea mayoritaria; y el Archivo de la Comunidad Autónoma de Cantabria. Entre las funciones de estos centros (art. 11.2) -que se pueden resumir en las genéricas tradicionales de “reunir, conservar y servir”- se incluye la de “facilitar el acceso de los ciudadanos y proporcionar información a las Administraciones públicas para el ejercicio de sus funciones, así como a las personas físicas o jurídicas, públicas o privadas” (muy en la línea del Plan de Modernización).

Además, dichos centros de archivo deberán contar con los medios materiales y personales adecuados (art. 20):

Los Centros de Archivo pertenecientes al Sistema de Archivos deberán contar con las instalaciones adecuadas para la conservación, tratamiento y consulta de los documentos custodiados en cada fase de archivo. Igualmente, deberán contar con personal con la capacitación adecuada a las características del Centro y las funciones que tenga encomendadas.

Como muestra de buena voluntad, su Disposición transitoria única establecía que los Centros de Archivo existentes a la entrada en vigor de la presente Ley dispondrán de un plazo de dos años (ampliamente rebasado) para cumplir los requisitos que en la misma se establecen. Nada decía de los no existentes, como el Archivo de la Comunidad Autónoma de Cantabria. Y no será por falta de edificio.

Un edificio bueno, bonito y barato… vacío

Ya he hablado en otra ocasión de lo que nos ha costado el edificio que albergará el Archivo Histórico Provincial de Cantabria, el (de momento fantasma) Archivo de la Comunidad Autónoma y la Biblioteca Regional. Un edificio que acaba de ser concluido en fechas recientes, a pesar de que se había anunciado su finalización para finales del año 2004 y que entraría en funcionamiento, constituyéndose como “el mayor centro cultural de Cantabria” (no salimos del viejo cliché) en el 2005. Hoy en día, el edificio permanece vacío, ante la extrañeza de algunos vecinos de la zona y el silencio casi absoluto de asociaciones, Universidad, sindicatos, funcionarios, grupos políticos, medios de comunicación… Y eso que no sólo afecta a los ciudadanos de Cantabria, sino a todos los contribuyentes españoles. Quizás sea porque el edificio puede resultar demasiado amplio para albergar a unos técnicos de archivo (desconozco el panorama bibliotecario, aunque me temo lo peor) que -si no me equivoco (y si lo hago, acepto rectificaciones)- se podrían contar con los dedos de una mano.

¿Es posible un cambio de rumbo?

No acierto a imaginar el futuro de los archivos en la Administración de Cantabria. Eso sí, seguro que después habrá muchas lamentaciones. Yo, por mi parte, me centraré en las oposiciones del Cuerpo Facultativo del Estado y continuaré atento a las noticias que me lleguen de Cantabria. Pero con más escepticismo, si cabe. Porque el Gobierno de Cantabria no necesita archiveros… ¿O sí?

17
mar

Lo nuevo, lo clásico y lo de siempre: semana de lectura y relectura

La semana pasada aparqué un poco el ordenador para dedicarme de lleno a leer algunos textos que tenía pendientes e inaugurar sección. Que no se diga que los archiblogueros no leen. Como suele suceder, unas lecturas me han conducido a otras, de manera que en lugar de reducir la lista de pendientes, la he ampliado notablemente. Así que más que escribir recensiones (todo se andará), prefiero tratar sobre mi experiencia hipertextual analógica.

Todo empezó tras descubrir, vía Spellbound Blog, las actas del coloquio New Skills for a Digital Era [pdf]. No quiero contar todavía nada sobre este documento (altamente recomendado) porque aún no he terminado de leerlo y porque seguramente se merecerá uno o más posts (no prometo nada, aunque no será por ganas). El hecho es que como había estado dando vueltas al tema de la formación de los archiveros, me llamó la atención esta reflexión colectiva sobre los conocimientos y habilidades que tiene que tener el archivero en el Nuevo Entorno Tecno-Social. En ella aparece en un par de ocasiones la referencia a un comentario de un expresidente de la SAA, en el que opinaba que aunque en la era digital está cambiando la forma en que los profesionales de la información llevan a cabo su trabajo, su función sigue siendo prácticamente la misma. Sin embargo, que permanezca la función no significa que los conceptos y principios básicos que permiten llevarla a cabo hayan permanecido inalterados.

Por eso, dejé a un lado por un momento lo nuevo para leer por primera vez en algún caso -al menos directamente, sin intermediarios-, releer en otras, algunos clásicos para refrescar ciertos conceptos, aclarar otros y, al final, hacer aflorar nuevas dudas. Lo malo es que todavía no he terminado casi nada de lo que empezado. Por ejemplo, Modern Archives (1956) -reseñado hace casi dos años en NeoArch- y The Management of Archives (1966) de Schellenberg: he comenzado a leer el primero y le he echado un vistazo a uno de los capítulos del segundo. A ver si durante estos días de vacaciones avanzo un poco.

Otro de los clásicos que sí he leído de cabo a rabo (y que releeré en cuanto mire otros textos de similar temática) es el famoso artículo de Duchein sobre la aplicación del principio de procedencia:

Michel Duchein: “El respeto de los fondos en Archivística: principios teóricos y problemas prácticos”. En Walne, P. (rec.): La administración moderna de archivos y la gestión de documentos: el prontuario RAMP. Paris: Unesco, 1985, p.69-92.

Este artículo se publicó originalmente en francés: “Le respect des fonds en archivistique: principes théoriques et problèmes pratiques”. La Gazette des Archives, nº 97 (1977), p. 71-96-. Lamentable e incomprensiblemente no se encuentra entre la “Selección de artículos que han marcado la archivística francesa” que ofrece en acceso libre la AAF, aunque sí podemos leer gratis la versión en inglés: “Theoretical Principles and Practical Problems of Respect des fonds“. Archivaria, nº 16 (1983) [pdf].

Por útlimo, para conciliar lo clásico con lo nuevo y con la tradición española (¿existe una tradición archivística española?) no dudé en acudir a lo último de una archivera de siempre (entiéndase en el mejor de los sentidos):

Antonia Heredia Herrera: ¿Qué es un archivo? Gijón: Trea, 2007.

Como decía antes: he refrescado algunos conceptos básicos, he aclarado mis dudas sobre otros y me han surgido nuevas dudas sobre muchos más. No esperaba menos. Y, de paso, como también apunté al principio, incrementar mi lista de lecturas pendientes a partir de las referencias que he ido recopilando. ¿Alguna sugerencia?

25
feb

Archivística y Documentación (1): los perfiles del archivero y su formación

[Perdón por la extensión]

Uno empieza a estar un poco harto del eterno -aunque no me cabe duda que necesario- debate sobre el lugar que ocupa la Archivística en el ámbito de las Ciencias de la Información y de la Documentación. Pero lo que me cansa es, sobre todo, ver cómo en muchas ocasiones se hace más hincapié en remarcar la especificidad de la Archivística que en señalar los contenidos que son (o deberían ser) comunes. Entre otras razones porque, en mi opinión -y al carecer de una titulación universitaria específica-, esto no hace otra cosa que perpetuar una fractura de la profesión, que desde hace décadas se trata de evitar. Creo que uno de los problemas principales -al igual que opinan muchos de los profesionales que con mucho más fundamento que un proyecto de archivero como yo lo han abordado- es, como ya he dicho, la ausencia de una titulación específica. Por esta razón, nos encontramos, título en mano, con dos perfiles de futuros archiveros:

  • Por un lado, el de aquellas personas que proceden de Escuelas Universitarias y Facultades de Documentación, que cuentan con una formación más centrada en esas áreas troncales.
  • Por otro, el de aquellos que proceden de otras titulaciones -especialmente Historia, como es mi caso-, con un perfil generalmente más historicista o, si queremos, tradicional.

En cualquiera de los dos casos, la formación en Archivística tiene que pasar por la realización de másters y postgrados de contenidos más o menos homogéneos, cursos de mejor o peor pelaje, unos esfuerzos autodidactas condicionados por una escasa literatura profesional en español, y la realización de prácticas a través de becas y contratos temporales generalmente mal pagados y que ofrecen un escaso margen de aprendizaje.

En ese trayecto, ambos perfiles tendrían que haber ido confluyendo; sin embargo, desde mi punto de vista, esa trayectoria común no es tan común como parece: como es normal, la formación especializada de unos y otros tiende más:

  • A perfeccionar unos conocimientos que ya se poseían de la etapa de formación universitaria; o bien a adquirir nuevos conocimientos que entran dentro del campo visual que cada uno de estos perfiles les permite distinguir.
  • Y a orientar una futura carrera profesional, condicionada también por ese campo visual reducido.

Si nos centramos en esta última cuestión, podemos ver como:

  • Aquel con un perfil de “archivero-documentalista” está más preparado para trabajar en la empresa privada, bien a través de empresas de servicios documentales (en el sentido amplio), bien directamente; en las que, en muchos casos, actuará de chico/a para todo: archivero-bibliotecario-documentalista-gestor de la innovación… No sólo porque para la empresa sea más rentable contar con un profesional multidisciplinar, en lugar de con varios especialistas; sino porque, en ciertos casos, el volumen de trabajo en este ámbito no lo requiera. Otros representantes de este perfil optarán por hacerse un hueco en las universidades: desarrollarán una actividad científica centrada generalmente es aspectos muy específicos, por lo general nuevos, y plasmados en artículos de escasa trascendencia para los intereses del perfil contrario. Si alguno/a consigue acceder a la docencia, se verá obligado/a a impartir asignaturas que probablemente se alejen de la columna vertebral del corpus archivístico (del mismo modo que otro, especializado por ejemplo en cibermetría, se puede ver obligado a impartir asignaturas de Archivística, si el no hacerlo puede significar perder una oportunidad laboral más que interesante). Todo ello será visto por los representantes del otro perfil como una apropiación indebida de funciones, lo que puede generar rechazo hacia todo aquello que se considere “propio de bibliotecarios” aunque sea algo elemental como parte del cuerpo común de conocimientos de las distintas ramas.
  • El que tiene un perfil formativo de “archivero-historiador” está en principio más capacitado para opositar a alguno de los cuerpos de archiveros de las Administraciones Públicas, a través de unas pruebas selectivas destinadas por lo general a reclutar “archiveros integrales”, capaces de actuar a lo largo de todo el ciclo de vida de los documentos, pero cuyos temarios y pruebas terminan decantándose hacia este mismo perfil, entre otras razones, porque son miembros de este perfil los que elaboran los temarios, y porque los puestos de trabajo que nutrirán serán sobre todo los de los archivos históricos. Y ése es precisamente el objetivo del futuro archivero que procede de éste perfil formativo: trabajar en un archivo histórico. No obstante, tendrá que afrontar el diseño y gestión de sistemas de información en un mundo de nuevos usuarios, nuevas tecnologías y nuevas normas, algo para lo que quizás no estaba preparado, por lo que tendrá que seguir formándose o perpetuar la imagen del archivero-erudito decimonónico. No obstante, no todos terminarán trabajando en un archivo histórico: algunos se las tendrán que ver con la gestión de documentos desde sus primeras fases y con los desafíos que supone la irrupción (desde hace ya unos años) de los documentos electrónicos. Entonces, o se dan de bruces con sus carencias formativas y no saben reaccionar, o se verán obligados a cierto reciclaje profesional. En cualquier caso, los “archiveros-documentalistas” también se verán amenazados: por estar en cierta desventaja a la hora de acceder a la función pública, al tener que afrontar pruebas y enfrentarse a tribunales más propios del perfil historicista; por una literatura profesional (artículos, manuales) producida por este sector que no llega a cumplir con sus expectativas o sus intereses; o por encontrar en puestos que consideran más acordes con su formación a personas que proceden de Facultades de Historia.

La pescadilla que se muerde la cola.

Esto no son más que generalizaciones un tanto simplistas, pero creo que se acercan un poco a la realidad, al menos desde mi punto de vista. Si todo esto parece que arranca de la ausencia de una titulación universitaria específica, la solución debería venir por el establecimiento de dicha titulación (si es que esto no genera tensiones también entre los dos perfiles a la hora de definir los programas). Pero, mientras esperamos a esa futura titulación, que puede que nunca llegue, ¿qué hacemos los que, como es mi caso, tenemos que enfrentarnos con unas oposiciones o con otra expectativa laboral (empresas de servicios, archivos de empresa, universidad…)?

Desde mi punto de vista, cambiar de actitud. Aprender en profundidad los aspectos específicos de la Archivística pero también aquellos que son comunes con otras Ciencias de la Información y de la Documentación, sin despreciar aquellas ideas (ni por supuesto a aquellas personas) que representen posturas extremas de uno u otro perfil, ya que de las dos podremos aprender algo. Ser permeables, compartir inquietudes, comunicarnos y contribuir, en definitiva a construir -como dice la divisa de la Unión Europea- la unidad en la diversidad, caminando hacia adelante pero también con la vista atrás.

Seguro que muchos no estáis de acuerdo con lo que digo (todo o parte), por lo que espero vuestros comentarios. Y también los de aquellos que lo compartan, porque seguro que tendrán algo que aportar.

20
feb

Acabo de visitar la remodelación del Archivo General de Simancas


… y me ha dejado deslumbrado.

13
feb

Encuesta para una posible revisión del Código de Ética profesional del CIA

La Sección de Asociaciones Profesionales del Consejo Internacional de Archivos ha puesto a disposición de todos los interesados un cuestionario (disponible en castellano) destinado a evaluar la necesidad de una eventual revisión del código deontológico del CIA. Y como en el mismo solicitan “que lo distribuya lo más posible entre sus colegas y en su asociación”, dejo aquí el enlace al documento [.doc] y el texto que lo acompaña:

Questionnaire on the ICA Code of Ethics
February 13, 2008

The SPA Working Group on professional Ethics would be grateful if you could complete and return this questionnaire by 30 April 2008. Your input will enable us to determine what form the Code of Ethics should take in the future.

This questionnaire is available in English, French and Spanish.

Thank you in advance for your input, which the Working Group very much appreciates.

Margaret Turner
26 Cruise Road
Sheffield S11 7EF
United Kingdom
turnermargaret@hotmail.com

Sólo un matiz: ¿no podrían haberlo realizado a través de formularios desde el propio sitio web? Seguro que sería cumplimentado por más gente (sólo por no tener que descargar el fichero, rellenarlo, adjuntarlo a un correo electrónico y mandarlo). Y poniéndonos quisquillosos… ¿no parece muy poco cool esa cuenta de hotmail?




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